
Sentirse estancado es una experiencia común dentro del baile deportivo. Hay etapas en las que el cuerpo parece no responder igual o los resultados no se ven de inmediato, y eso puede afectar la motivación.
En estos momentos, es importante recordar por qué empezaste a bailar. Volver a conectar con el disfrute del movimiento ayuda a reducir la presión del “tener que mejorar”. El progreso no siempre es lineal, y los momentos de pausa también forman parte del proceso.

Cambiar la rutina, fijar metas pequeñas o enfocarse en un aspecto específico del entrenamiento puede renovar la motivación. A veces, avanzar no significa aprender pasos nuevos, sino mejorar la calidad de los que ya conoces.
Mantener la motivación es aprender a confiar en el proceso y entender que cada etapa aporta algo al crecimiento del bailarín.
