El movimiento corporal tiene un impacto directo en las emociones. Bailar permite liberar tensiones acumuladas, reducir el estrés y expresar sentimientos que muchas veces no se comunican verbalmente. Esta conexión entre cuerpo y mente refuerza el bienestar emocional.
A través del baile, los bailarines encuentran una forma de equilibrio emocional que les permite afrontar los desafíos tanto dentro como fuera de la pista.
