Para muchos bailarines, el baile se convierte en un espacio seguro donde pueden canalizar emociones y encontrar estabilidad emocional. Esta relación emocional con el baile refuerza su importancia como herramienta de bienestar.
El baile deportivo no solo se construye desde la técnica y la competencia, sino también desde el cuidado integral del cuerpo y la mente. Para quienes lo practican, mantener hábitos saludables se vuelve una necesidad: alimentación equilibrada, disciplina, descanso y conciencia corporal son parte del proceso formativo. En este sentido, el baile se convierte en un estilo de vida que impulsa a los bailarines a cuidar su bienestar físico y emocional, fortaleciendo su relación con su propio cuerpo. Desde la experiencia estudiantil, estos hábitos se reflejan en la rutina diaria y en la forma en que viven el baile más allá de la pista.
