El cuerpo del bailarín deportivo está sometido a constantes exigencias físicas. Saltos, giros, desplazamientos rápidos y posturas específicas requieren fuerza muscular, estabilidad articular y un buen control del movimiento. Con el tiempo, estos estímulos generan adaptaciones físicas visibles, como mayor tonicidad muscular, resistencia cardiovascular y mejora en la postura corporal.
No obstante, estas exigencias también pueden generar sobrecargas si no se acompañan de una correcta preparación física. Por ello, es importante entender cómo responde el cuerpo al entrenamiento y reconocer los cambios que se producen a lo largo del tiempo.

