


El baile deportivo se desarrolla en un entorno de alta exigencia, donde el rendimiento es evaluado constantemente. Los bailarines no solo entrenan para perfeccionar movimientos, sino también para responder emocionalmente a situaciones de presión, como presentaciones públicas, competencias o evaluaciones técnicas.
Estas exigencias generan una carga emocional que puede manifestarse en nervios, ansiedad o inseguridad. Comprender que estas emociones son parte natural del proceso deportivo permite abordarlas de forma consciente y saludable. La preparación mental se vuelve una herramienta clave para mantener el equilibrio emocional y el enfoque durante la práctica del baile.
